Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Con las nubes de algodón de hueso de cada una de tus caricias,
una noche despertaste en mi cama y el mundo, ahí fuera, ya no existía.
Le dimos un abrazo a las persianas para despedirnos de tanta luz del día,
le dimos un beso a la almohada y sin darnos cuenta, un millón en las mejillas.
Nos dimos cada noche un buenas noches y cada noche un buenos días,
desayunando sin nunca saber la hora y sin que nunca las luces estuvieran encendidas.
Nos tapamos los labios con nuestros labios, para no decir ninguna tontería
pero en un sueño, nos encontramos en la calle, nos cogimos de la mano y creo que me puse de rodillas.
Aunque nos habíamos prohibido decirlo, nos hablamos de amor con la mirada escondida,
hasta que una tarde, o lo que fuera, se nos unió la piel y una noche, o lo que fuera, la sonrisa.
Una mañana, o lo que fuera, nos quisimos tanto, que nos quisimos más de una vida,
nos quisimos más de un nosotros. Nos quisimos más de lo que el mundo imagina
y de tanto querer, una madrugada, o lo que fuera, nos casamos entre el sofá y los cortinas.