Fabiola Montes
Poeta asiduo al portal
Bajo los rojos colores del ocaso,
entre las sombras de la noche que inicia,
se encontraron nuestros cuerpos en caricia
y robaron besos mutuos nuestros labios.
Hechizados por la intriga que seduce,
caminamos nuestros cuerpos en abrazos,
con el gozo de sabernos complacidos
atravesamos la frontera del delirio sin pensarlo.
Y laxados en el último gemido,
nos miramos a los ojos como extraños.
Un adiós y una sonrisa,
un beso fugaz en la mejilla,
cerraron el cuento de fantasía
que jamás debió ser contado.
entre las sombras de la noche que inicia,
se encontraron nuestros cuerpos en caricia
y robaron besos mutuos nuestros labios.
Hechizados por la intriga que seduce,
caminamos nuestros cuerpos en abrazos,
con el gozo de sabernos complacidos
atravesamos la frontera del delirio sin pensarlo.
Y laxados en el último gemido,
nos miramos a los ojos como extraños.
Un adiós y una sonrisa,
un beso fugaz en la mejilla,
cerraron el cuento de fantasía
que jamás debió ser contado.