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entre mis dedos largos y desnudos

Simón i Plà

Poeta recién llegado
Los sauces en el paseo...
dejaban caer sus largos cabellos despeinados...
en el viento y desnudos de tiempo y prisa.

Entre mimos acariciadores,
llenaban mi alma con los gritos de tu nombre...
no hay desconfianza envuelta en su tronco...
pretendo agarrarme con las manos,
y entre mis dedos, largos y desnudos
sus raíces se introducen en la tierra que los alimenta.

Su aspecto de verde agua y seda,
envuelve mi voz y te nombran.
Sus ramas desordenadas claman por ti.
Y la vida entonces adquiere una eterna sensación de caos y abandono...
cuando eres tu...
el punto más bello de mi vida y de sus hojas desnudas y vacías...

Acordes de la vida,
uno tras otro, constantes hasta componer la sinfonía de la esencia.
Uno tras otro, armando la esencia del alma, y la identidad del espíritu.
Sinfonía que se convierte en opera y canta la gloria del nacimiento.
Constante, irreversible, y donde nadie lo ve se encuentra él.
Siempre volando sobre las nubes,
sobre océanos en primavera,
y en los desiertos áridos y calurosos mas allá del horizonte.
Respirando vida y dispersando las lagrimas de sus ojos.
Tiempo después de su tiempo,
cruzando el horizonte sobre la tierra.
El camino es eterno,
casi infinito al igual que su sonrisa,
volando sobre sus dos alas libre por los cielos,
escaso de maldad y carente de depravación,
atascado en su jovial infancia,
avanzando siempre hacia el infinito.
Tiempo después del tiempo,
observará tu muerte,
y viajará hacia el horizonte.
Tiempo después del tiempo,
él velara tu ida,
y estará después aunque tu ya no estés.

¡Oh! ¡Es el protector de la noche y del dia!
¡Cuando cierras los ojos,
él volara sobre colinas y cerros,
grutas y montañas,
senderos y caminos,
bosques y praderas, desiertos y tundras!
Voces del ayer y ceremonias de luz y oscuridad.
Ángeles de las tinieblas y arcángeles de los cielos.
Choque de fuerzas. Blanco y Negro.
Tiempo después del tiempo,
el seguirá volando sobre los cielos.
Cabalgando a un lado de la luna,
muriendo mil veces y viéndote morir.
Saciándose de vida,
y quitándose las penas
con lagrimas arrojadas hacia el abismo de la muerte.
El abismo del horizonte.
Volando, después y antes de la noche,
sobre colinas y cerros,
mas allá de tu existencia y la mía,
vuela, y vuela, sin parar jamás,
mas allá de los demonios de las lagrimas,
y los llantos de los ángeles.
En la primavera de los océanos.
Los otoños de sus ojos.
Los inviernos de su cuerpo.
Y el verano candente de sus alas.
Cayendo hacia la tierra y golpeándose sin remedio.
Solo para volver a nacer.
 
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