La mirada gélida me asestó una puñalada en el momento en que giraba su cara.
La puñalada pasó rozándome las alas.
El corazón se detuvo y los nudillos se congelaron.
Mis dedos se durmieron y no acertaron a frotarme los ojos.
No obedecían. Lloraban.
Las pupilas se dilataban y los labios comenzaron a temblar.
Sentí un nudo en la boca del estómago que me tragué tantas veces como el señor h me permitió.
Hipotequé mis deseos en cubiteras de taperguare rosas y horteras y protegí mis recuerdos de escarchas.
Mientras, enfocaba su silueta proyectada, informe, sobre el parquet de la habitación de al lado, en la que él estaba. Tan pronto como conseguí cruzarla (la mirada y la habitación) la lluvia arreciaba. La oscuridad y la luz blanca del alma eran testigos y aplaudían.
Él me besaba.
La puñalada pasó rozándome las alas.
El corazón se detuvo y los nudillos se congelaron.
Mis dedos se durmieron y no acertaron a frotarme los ojos.
No obedecían. Lloraban.
Las pupilas se dilataban y los labios comenzaron a temblar.
Sentí un nudo en la boca del estómago que me tragué tantas veces como el señor h me permitió.
Hipotequé mis deseos en cubiteras de taperguare rosas y horteras y protegí mis recuerdos de escarchas.
Mientras, enfocaba su silueta proyectada, informe, sobre el parquet de la habitación de al lado, en la que él estaba. Tan pronto como conseguí cruzarla (la mirada y la habitación) la lluvia arreciaba. La oscuridad y la luz blanca del alma eran testigos y aplaudían.
Él me besaba.