No sé cómo ni por dónde empezar
¿Quién escondió nos deseamos tanto
tras dejamos tanto que desear?:
El dracma de Chronos cayó de canto.
Si pudimos errar de Maravillas
a Nunca Jamás, zampemos más millas
para pedir, en Ciudad Esmeralda,
dos transplantes entre pecho y espalda,
pero que no te hechicen esos clavos
sacaclavos y moras quitamanchas
del autostop al pie de las baldosas,
que devoran despechos y revanchas
brindados al azar por los esclavos
de estómagos viudos de mariposas
Al llegar, fija tarifa a tus anchas
sabiendo que las cosas, por centavos
de lo que te quise, serán hermosas.
¿Quién escondió nos deseamos tanto
tras dejamos tanto que desear?:
El dracma de Chronos cayó de canto.
Si pudimos errar de Maravillas
a Nunca Jamás, zampemos más millas
para pedir, en Ciudad Esmeralda,
dos transplantes entre pecho y espalda,
pero que no te hechicen esos clavos
sacaclavos y moras quitamanchas
del autostop al pie de las baldosas,
que devoran despechos y revanchas
brindados al azar por los esclavos
de estómagos viudos de mariposas
Al llegar, fija tarifa a tus anchas
sabiendo que las cosas, por centavos
de lo que te quise, serán hermosas.