Wilson Stalin
Poeta recién llegado
No volverás a saber de aquel pasado marchito
enredado entre las cienes de tu pelo
dibujado con un lápiz retorcido sin punta.
Sera el cielo el oyente de tu asombro, el recurso
de tus lágrimas y allí detendrás la mirada
pensando en voces en heridas que te faltan.
Sola estarás junto al remordimiento de haber
dejado podrir la última manzana sobrante.
Esquivaras la silente alegría de un lejano atardecer.
Embebida estarás ya con el aire putrefacto
de un día a otro intentaras entonar la melodía
artífice del canto único de ensueño.
Miraras reseco el manantial perenne de tu alegría
pintado en grises tu gran acento de vida
hoy manchada y ensangrentada.
Súbete y miraras cuesta arriba el gran abismo
que hoy ciñe vuestra historia
entre páginas rotas e ideas confusas.
enredado entre las cienes de tu pelo
dibujado con un lápiz retorcido sin punta.
Sera el cielo el oyente de tu asombro, el recurso
de tus lágrimas y allí detendrás la mirada
pensando en voces en heridas que te faltan.
Sola estarás junto al remordimiento de haber
dejado podrir la última manzana sobrante.
Esquivaras la silente alegría de un lejano atardecer.
Embebida estarás ya con el aire putrefacto
de un día a otro intentaras entonar la melodía
artífice del canto único de ensueño.
Miraras reseco el manantial perenne de tu alegría
pintado en grises tu gran acento de vida
hoy manchada y ensangrentada.
Súbete y miraras cuesta arriba el gran abismo
que hoy ciñe vuestra historia
entre páginas rotas e ideas confusas.