Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ENVIO
Pretendo que todo lo perdido se convierta en poema.
Gonzalo Márquez Cristo
En estas cajas viajan noticias de un trisagio,
alcancías que pronto se han de entregar para la desmemoria
porque fatalmente recrudecen los regresos,
el recuerdo levanta sus imperios de fango
y democratiza señales en la frente.
En éstos fardos viajan los hábitos del sabio,
los humildes ropajes del monje
y el asombro de unas manos que rozan el privilegio,
la razón pulcra de quien vierte la sangre de sus enemigos procaces.
En éstos lazos impunemente se amarran los osarios
y hay un atado que frágilmente detendrá la aurora,
un sorbo de luz agostado en los rostros de los niños que inventan
el fútil abecedario para ingresar mansos a la lluvia cansina.
Cuánto miedo en éste viaje
demora el tiempo su ciclo de arena:
no termina de germinar el grano de la música,
célebres giros de anquilosados dientes.
En éstos canastos van los guiños de unas vidas ausentes.
Lejos de toda prisa, de todo léxico herido y malcriado,
éste envío aún no sabe quién es el feliz destinatario.
Pretendo que todo lo perdido se convierta en poema.
Gonzalo Márquez Cristo
En estas cajas viajan noticias de un trisagio,
alcancías que pronto se han de entregar para la desmemoria
porque fatalmente recrudecen los regresos,
el recuerdo levanta sus imperios de fango
y democratiza señales en la frente.
En éstos fardos viajan los hábitos del sabio,
los humildes ropajes del monje
y el asombro de unas manos que rozan el privilegio,
la razón pulcra de quien vierte la sangre de sus enemigos procaces.
En éstos lazos impunemente se amarran los osarios
y hay un atado que frágilmente detendrá la aurora,
un sorbo de luz agostado en los rostros de los niños que inventan
el fútil abecedario para ingresar mansos a la lluvia cansina.
Cuánto miedo en éste viaje
demora el tiempo su ciclo de arena:
no termina de germinar el grano de la música,
célebres giros de anquilosados dientes.
En éstos canastos van los guiños de unas vidas ausentes.
Lejos de toda prisa, de todo léxico herido y malcriado,
éste envío aún no sabe quién es el feliz destinatario.
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