Waldo Anacruza
Poeta recién llegado
Epigramas.
(a Estefany)
Cuando entra el frío de la mañana,
y te acurruca entre el mientras, y el ayer,
cuando entra el frío de la mañana,
no hay quien nos salve.
Solos entre mis recuerdos de la infancia,
tus ojos repitiéndose en caricias epigramáticas
y vos sos tan sublime, tan de aquí.
Yo a vos, la quiero más que nunca.
Mis suelos ya no tienen forma,
cortarme de raíz, quemarme con la lluvia
no se si el futuro sea grato, o no estés en él
pero yo a vos la quiero más que nunca.
Mirad por la ventana azul, el cielo preparado a nevar.
Las palomas entre rosarios de blanca pureza esperanzada.
Mirad por la ventana el reflejo semi claro de nuestros rostros.
Mirad en mí mismo el ayer, el hoy, el poder, y la gracia.
Escucha el eco firme de un grito en mí
no se detiene, sigue y sigue.
Y se supone que en estas horas todo termina,
ocurre que para mí, todo apenas empieza.
Y yo a vos,
la quiero
más
que
nunca.
(a Estefany)
Cuando entra el frío de la mañana,
y te acurruca entre el mientras, y el ayer,
cuando entra el frío de la mañana,
no hay quien nos salve.
Solos entre mis recuerdos de la infancia,
tus ojos repitiéndose en caricias epigramáticas
y vos sos tan sublime, tan de aquí.
Yo a vos, la quiero más que nunca.
Mis suelos ya no tienen forma,
cortarme de raíz, quemarme con la lluvia
no se si el futuro sea grato, o no estés en él
pero yo a vos la quiero más que nunca.
Mirad por la ventana azul, el cielo preparado a nevar.
Las palomas entre rosarios de blanca pureza esperanzada.
Mirad por la ventana el reflejo semi claro de nuestros rostros.
Mirad en mí mismo el ayer, el hoy, el poder, y la gracia.
Escucha el eco firme de un grito en mí
no se detiene, sigue y sigue.
Y se supone que en estas horas todo termina,
ocurre que para mí, todo apenas empieza.
Y yo a vos,
la quiero
más
que
nunca.