BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era la época de las durezas,
de los recónditos sabañones
metidos en sal muera; de los
opulentos baños de tequila.
De las letanías bajo el suelo.
Era la hazaña del subsidio,
de las becas holgazanas; de los
depósitos de gasolina
vacíos hasta las tantas.
De las fábricas inhóspitas,
de las mandarinas gordas como
pomelos, y de las golondrinas
subidas a los corneros de los hospitales.
Era la diosa fortuna la que concretaba
los sueños. Aunque en mil pechos resonasen
las terribles negativas. Los batientes
de las puertas desatornillados.
Y un coro melifluo sintiera la vaguedad
de la niebla, recorriendo el paisaje.
©
de los recónditos sabañones
metidos en sal muera; de los
opulentos baños de tequila.
De las letanías bajo el suelo.
Era la hazaña del subsidio,
de las becas holgazanas; de los
depósitos de gasolina
vacíos hasta las tantas.
De las fábricas inhóspitas,
de las mandarinas gordas como
pomelos, y de las golondrinas
subidas a los corneros de los hospitales.
Era la diosa fortuna la que concretaba
los sueños. Aunque en mil pechos resonasen
las terribles negativas. Los batientes
de las puertas desatornillados.
Y un coro melifluo sintiera la vaguedad
de la niebla, recorriendo el paisaje.
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