Eran los recuerdos míos

danimub

Poeta fiel al portal

Yo acomodaba los recuerdos.

Los apilaba en anaqueles de nostalgia.
Clasificaba las memorias mas remotas
y encasillaba sensaciones encontradas.
Los domingos soleados, con la ansiedad del día.
La insaciable alevosía
de correr de forma absurda por el patio.
Las siestas amarillas.
Un atlas desplegado por la alfombra.
Mi cruel piromanía con los grillos.
Las noches salpicadas de historietas.
La luz en la mesita,
las sombras en el techo.
La pálida vecina
y su pálido jardín.
La fiel contradicción de ir a la escuela
los naranjos custodiando su vereda,
las aulas apretadas
sabor de los crayones en la boca,
la tímida obsesión de hincar los codos;
el juego interminable de ser grande.
El piso repitiéndose hasta el patio,
el sol de penitencia en la ventana;
los aliados transitorios del colegio
los dueños del pasillo,
los huérfanos de ideas;
los otros...
Proceso inevitable de entregarse,
de abrir los mecanismos no forzados;
de dar y compartir lo prescindible;
las penas y victorias de la infancia
Todas enfiladas,
ordenadas por color,
por fecha, y relevancia;
Hasta que un día,
en los armarios de la mente
no quedo ya mas lugar
para el acopio,
saturados los depósitos del alma;
se acabaron las carpetas
se agotaron las caratulas
entonces conocí el olvido
y aprendí a olvidar;
luego la brutal distancia
y aprendí a dejar,
Hoy se arrojan al vacío,
se confunden y se abrazan,
en el mismo cuarto oscuro
que alguna vez fue añoranza.
 
sí te contara de los míos, quizá pensarías que no son lo mismo, abrazos

Yo acomodaba los recuerdos.

Los apilaba en anaqueles de nostalgia.
Clasificaba las memorias mas remotas
y encasillaba sensaciones encontradas.
Los domingos soleados, con la ansiedad del día.
La insaciable alevosía
de correr de forma absurda por el patio.
Las siestas amarillas.
Un atlas desplegado por la alfombra.
Mi cruel piromanía con los grillos.
Las noches salpicadas de historietas.
La luz en la mesita,
las sombras en el techo.
La pálida vecina
y su pálido jardín.
La fiel contradicción de ir a la escuela
los naranjos custodiando su vereda,
las aulas apretadas
sabor de los crayones en la boca,
la tímida obsesión de hincar los codos;
el juego interminable de ser grande.
El piso repitiéndose hasta el patio,
el sol de penitencia en la ventana;
los aliados transitorios del colegio
los dueños del pasillo,
los huérfanos de ideas;
los otros...
Proceso inevitable de entregarse,
de abrir los mecanismos no forzados;
de dar y compartir lo prescindible;
las penas y victorias de la infancia
Todas enfiladas,
ordenadas por color,
por fecha, y relevancia;
Hasta que un día,
en los armarios de la mente
no quedo ya mas lugar
para el acopio,
saturados los depósitos del alma;
se acabaron las carpetas
se agotaron las caratulas
entonces conocí el olvido
y aprendí a olvidar;
luego la brutal distancia
y aprendí a dejar,
Hoy se arrojan al vacío,
se confunden y se abrazan,
en el mismo cuarto oscuro
que alguna vez fue añoranza.
 

Yo acomodaba los recuerdos.

Los apilaba en anaqueles de nostalgia.
Clasificaba las memorias mas remotas
y encasillaba sensaciones encontradas.
Los domingos soleados, con la ansiedad del día.
La insaciable alevosía
de correr de forma absurda por el patio.
Las siestas amarillas.
Un atlas desplegado por la alfombra.
Mi cruel piromanía con los grillos.
Las noches salpicadas de historietas.
La luz en la mesita,
las sombras en el techo.
La pálida vecina
y su pálido jardín.
La fiel contradicción de ir a la escuela
los naranjos custodiando su vereda,
las aulas apretadas
sabor de los crayones en la boca,
la tímida obsesión de hincar los codos;
el juego interminable de ser grande.
El piso repitiéndose hasta el patio,
el sol de penitencia en la ventana;
los aliados transitorios del colegio
los dueños del pasillo,
los huérfanos de ideas;
los otros...
Proceso inevitable de entregarse,
de abrir los mecanismos no forzados;
de dar y compartir lo prescindible;
las penas y victorias de la infancia
Todas enfiladas,
ordenadas por color,
por fecha, y relevancia;
Hasta que un día,
en los armarios de la mente
no quedo ya mas lugar
para el acopio,
saturados los depósitos del alma;
se acabaron las carpetas
se agotaron las caratulas
entonces conocí el olvido
y aprendí a olvidar;
luego la brutal distancia
y aprendí a dejar,
Hoy se arrojan al vacío,
se confunden y se abrazan,
en el mismo cuarto oscuro
que alguna vez fue añoranza.


bello poema, con el arte de escribir con la inspiración de un poeta nacido, gracias por compartir

saludos cordiales
 

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