Eras el almidón que rociaba mis pantorrillas
La inexplicable desazón de una mañana,
El cosquilleo de la impaciencia
Y el temor de un ser algo maravilloso, sin poder demostrarlo.
Estabas triste, con tu carita de entierro
Y así te amaba
Tan de lejos, tan de cerca, tan encima de mi pecho.
Y aun, aun así, no te lo podía decir.
Te miraba con la colilla de mi ojo,
Con ese ojo desperdigado, aguantado por un orgullo y por mi nariz,
Algunas veces fulminaba en tu mirada, quería la profundidad que tu presencia no me daba.
Te alucinaba de lejos. Muy de lejos
Y quien iba a decir que serias parte de mis zapatos, de ese suelo que pisaba.
Y que en ese momento, se acabaría la mirada, la profundidad, el añoro que me hacías penetrar en mis colillas de tabaco, de esa pena rociada en humareda.
Se acababa, se acababa y cuanto yo sentía y cuanto yo callaba, como impotencia conciencientizada.
Me hiciste ver mas allá, al sujeto del al lado, y a el también lo amaba
Y por tu culpa, lo deje invadido, en la pena, en la pena, del contacto.
Y es que tanto amor sin ser palpado me abrumaba, me dañaba.
La inexplicable desazón de una mañana,
El cosquilleo de la impaciencia
Y el temor de un ser algo maravilloso, sin poder demostrarlo.
Estabas triste, con tu carita de entierro
Y así te amaba
Tan de lejos, tan de cerca, tan encima de mi pecho.
Y aun, aun así, no te lo podía decir.
Te miraba con la colilla de mi ojo,
Con ese ojo desperdigado, aguantado por un orgullo y por mi nariz,
Algunas veces fulminaba en tu mirada, quería la profundidad que tu presencia no me daba.
Te alucinaba de lejos. Muy de lejos
Y quien iba a decir que serias parte de mis zapatos, de ese suelo que pisaba.
Y que en ese momento, se acabaría la mirada, la profundidad, el añoro que me hacías penetrar en mis colillas de tabaco, de esa pena rociada en humareda.
Se acababa, se acababa y cuanto yo sentía y cuanto yo callaba, como impotencia conciencientizada.
Me hiciste ver mas allá, al sujeto del al lado, y a el también lo amaba
Y por tu culpa, lo deje invadido, en la pena, en la pena, del contacto.
Y es que tanto amor sin ser palpado me abrumaba, me dañaba.