Eres como el mar, chiquilla,
a veces calma y serena
de blanca espuma en la arena
y un fondo que maravilla.
Mas, hasta el cielo ensombrece,
cuando te muestras furiosa
y al erguirte poderosa,
mi embarcación estremece.
En los días que la brisa
se conjuga con tu estado
de apacible mar rizado,
¡cuántos juegos y caricias!
Quiero decirte, chiquilla:
-¡te volveré a navegar!
mas, si te vas a enfadar,
te veré por la escotilla.-
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