Gruñidos de anochecer putrefacto
abanican mis prematuros temores afilados.
Espinas de pelos con punta hueca se resguardan
bajo la senil esperanza en el valor de mis poros
moribundos. En puerta de sangre y llave
amarilla de huesos incubados y paneles de inestable salitre.
Iracunda llama de madera nace
de mi trémula conciencia y raciocinio.
Locura de dos mástiles saborean la inmundicia
de los esquivos sudores de regadío
en huerto de rosas y amapolas intestinales.
Llama es crisálida raja y en polvo vuelve
los primeros colores, para sacar brillo
y follar a su reina sidosa de lupanar,
sin el fino hielo de talco cristalino
de fiebres azucaradas con su hiel.
Cruces astilladas brotan de mis órganos,
de mi barnizado cabello de frío barro desmerluzado
y de huecos volcanes sobre carne blanda y cruda.
Ramas traspasan mi tronco de granito
y se alimentan de las gotas del mar de inservibles
cartuchos de odio, injurias, sexo, y fuego.
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