Taciturno entre las sombras
me abrigo de soledad,
irritante el frío vaticinio
que se dibuja nubloso en la penumbra,
trémulo retrato del infierno,
impreso en las paredes ínfimas del alma,
coruscante repertorio
de erráticas imágenes
se traslucen a través
y raudos me embargan al vacío
aquellos crueles atisbos.
Ya no hay aire en derredores,
ni efímeros contactos seglares.
lo divino,
lo maldito,
se conjuga imberbe
en este estado irreverente.
La menguante inercia
me empuja al risco
de la demencia,
ya es cuando,
el tiempo inquisidor
me va agotando.
subyugando
Decayendo frenéticamente
al singular entierro
de la nada.