Ven,
brota a estos dedos de pluma y aire,
con mirada mantenida
en palabras muro y mudas
que estos labios no pronuncian.
Adivíname.
Y deja que toque, aprese
tus manos a modo de viento sur,
a modo de caricia enamorada
bebiendo el charol dorado de la noche.
Bésame con ojos abiertos,
mirada viva aterciopelada
y pensamientos de algodón sonrosado.
Ven,
y no vengas del todo;
es grande el placer de la espera.