Es tiempo de cosecha, los trabajadores de la cosecha,
en salto y paisandú, estan de fiesta,
brillan a lo lejos, los frutos del sol.
Cuando por las mañanas, se levanta el rocío,
va dejando a su paso, este denso y aromatico
aroma a naranjos.
La niebla del otoño, en esta mañana, que ya se aleja,
deja lucir con los primeros rayos del sol, las copas de
los árboles, cubiertos de un amarillo, tan deslumbrante
y sencillo.
A lo lejos... se ven los primeros tractores con sus sorras,
cargados de gente humilde, llenos de esperanzas, gente que
tienen el privilegio de poder tocar, estos magnificos
y cencillos ejemplares.
Estos frutos, casi silvestres, casi como tocar la tierra misma.
!!Quiero imajinarme lo que sienten!!, al palparlos, con sus rudas
manos.
Al introducirse sobre sus almas,y sentir ese aroma único.
Asi... que solo me resta, relajarme y disfrutar, este momento
de tanta paz,son hectareas de campos, cubiertos por un manto
amarillo,que cubre las copas de los árboles.
Se me pierde la vista en el infinito cielo, que sobre ellos descansa.
Hasta que en pocos días, van desapareciendo, poco a poco,
hasta volver el intenso verde de los árboles, tan solo eso, nada más,
Pero es placentero ver, y recordar el tiempo de las cosechas,
cada año en salto y paisandú, cuando vuelvan a cubrirse,
de esta magia de otoño, y las copas de los naranjos, se vistan
de dorado.
en salto y paisandú, estan de fiesta,
brillan a lo lejos, los frutos del sol.
Cuando por las mañanas, se levanta el rocío,
va dejando a su paso, este denso y aromatico
aroma a naranjos.
La niebla del otoño, en esta mañana, que ya se aleja,
deja lucir con los primeros rayos del sol, las copas de
los árboles, cubiertos de un amarillo, tan deslumbrante
y sencillo.
A lo lejos... se ven los primeros tractores con sus sorras,
cargados de gente humilde, llenos de esperanzas, gente que
tienen el privilegio de poder tocar, estos magnificos
y cencillos ejemplares.
Estos frutos, casi silvestres, casi como tocar la tierra misma.
!!Quiero imajinarme lo que sienten!!, al palparlos, con sus rudas
manos.
Al introducirse sobre sus almas,y sentir ese aroma único.
Asi... que solo me resta, relajarme y disfrutar, este momento
de tanta paz,son hectareas de campos, cubiertos por un manto
amarillo,que cubre las copas de los árboles.
Se me pierde la vista en el infinito cielo, que sobre ellos descansa.
Hasta que en pocos días, van desapareciendo, poco a poco,
hasta volver el intenso verde de los árboles, tan solo eso, nada más,
Pero es placentero ver, y recordar el tiempo de las cosechas,
cada año en salto y paisandú, cuando vuelvan a cubrirse,
de esta magia de otoño, y las copas de los naranjos, se vistan
de dorado.
Última edición: