BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es un puño de acero
enhebrado por agujas remansadas
mi vientre desnudo
absorbe sus nutrientes de las capas
de óxido y muerte.
Su espacio erróneo la militancia
indiscriminada de sus capciosas imágenes,
la veleidad de sus caprichos, corroen
el alma de un pez que nació extinto.
No descendencia, muerto como pies
sin lodo ni odio en el que socavar
la roca purulenta de poblaciones singulares.
Oh, estar en delirio, qué importuno,
su peculiar tamaño, el pene que dibujan
sus secuaces, la rosaleda insignia de avestruces
cotidianas, y ese esplendor que evita la niebla.
Sus ideas diarias, ese pan duro y ácimo de las
nebulosas originarias, ese primordial efecto
cuya regulación muestra carne tumbada y fresca
de los adoquines, colgada.
Mi delirante obcecación de brazos cruzados
en la neblina rutinaria y en los obesidades de animal,
estancan la acequia que discurre tranquila.
Oh doctrinas patriarcales, esbozando sus susurros
en la mineral distancia, como un diámetro doblegado
por muros insolentes, por estratos lóbregos, por secuencias
formales y sueños derrocados, monarcas del antiguo río
impoluto.
En la necesaria convocación del sonido
ese silencio que necesita de mis labios un agua tan pura
tan navegable,
busco el anhelo desgarrado por hilos de cuerpo sincero,
honestidad de valientes ojos sin forma.
©
enhebrado por agujas remansadas
mi vientre desnudo
absorbe sus nutrientes de las capas
de óxido y muerte.
Su espacio erróneo la militancia
indiscriminada de sus capciosas imágenes,
la veleidad de sus caprichos, corroen
el alma de un pez que nació extinto.
No descendencia, muerto como pies
sin lodo ni odio en el que socavar
la roca purulenta de poblaciones singulares.
Oh, estar en delirio, qué importuno,
su peculiar tamaño, el pene que dibujan
sus secuaces, la rosaleda insignia de avestruces
cotidianas, y ese esplendor que evita la niebla.
Sus ideas diarias, ese pan duro y ácimo de las
nebulosas originarias, ese primordial efecto
cuya regulación muestra carne tumbada y fresca
de los adoquines, colgada.
Mi delirante obcecación de brazos cruzados
en la neblina rutinaria y en los obesidades de animal,
estancan la acequia que discurre tranquila.
Oh doctrinas patriarcales, esbozando sus susurros
en la mineral distancia, como un diámetro doblegado
por muros insolentes, por estratos lóbregos, por secuencias
formales y sueños derrocados, monarcas del antiguo río
impoluto.
En la necesaria convocación del sonido
ese silencio que necesita de mis labios un agua tan pura
tan navegable,
busco el anhelo desgarrado por hilos de cuerpo sincero,
honestidad de valientes ojos sin forma.
©