NdeNoche
Poeta recién llegado
Me encontré esta mañana,
en el café de siempre.
Me encontré y no lo quería creer.
Tenía los ojos desencajados,
el pelo desordenado
y la boca mal pintada.
Traía una mochila pesada,
cargada de cucharas
que pensaba utilizar en la lucha.
Me vi llevando a cuestas
un poco de odio,
un enojo peligroso
y una irreversible impotencia.
Me vi el alma, que estaba haciendo equilibrio
sobre una soga que atravesaba el abismo,
para que al terminar le tiraran unas monedas.
Me vi las miserias, dando saltitos por todo mi cuerpo
y tocando las trompetas de los perdedores.
Me vi los amores en las manos;
estaban podridos y emanaban un humo espeso.
Me vi así y me dio tanta vergüenza
que me alejé rápidamente...
No me pregunten nada. No conozco a esa mujer.
en el café de siempre.
Me encontré y no lo quería creer.
Tenía los ojos desencajados,
el pelo desordenado
y la boca mal pintada.
Traía una mochila pesada,
cargada de cucharas
que pensaba utilizar en la lucha.
Me vi llevando a cuestas
un poco de odio,
un enojo peligroso
y una irreversible impotencia.
Me vi el alma, que estaba haciendo equilibrio
sobre una soga que atravesaba el abismo,
para que al terminar le tiraran unas monedas.
Me vi las miserias, dando saltitos por todo mi cuerpo
y tocando las trompetas de los perdedores.
Me vi los amores en las manos;
estaban podridos y emanaban un humo espeso.
Me vi así y me dio tanta vergüenza
que me alejé rápidamente...
No me pregunten nada. No conozco a esa mujer.
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