Fguzman
Poeta recién llegado
Me enamoré de un poema en vez de una mujer
me conquistaron las caricias de sus simples manos de seda
De sus faldas danzan y corren riachuelos de miel
Su silueta es el amanecer del sol saliente entre montañas
Dejemos, oxidados, que los filósofos razonen
y nosotros bebamos de la misma copa, el mismo vino
Me enamoré de un poema en vez de una mujer
Dulces melodías que su voz entona sin querer
En cada paso sus pies flotan,
pues el viento imposible la deje algún día caer
Y en esos pasos cae tímida una rosa
que marchita mis tormentos y llena de césped la aridez
Como pórticos se abren, sus ojos, dejando entrar ángeles sumisos
A tropiezos me aferro a su mano, y de suerte, me recoge en su regazo
Me enamoré de sus historias
de su risa revoltosa como zorzales de primavera
Que su travieso andar me hipnotice,
que nos guíe a su guarida oculta bajo miles de claveles
En su jardín yace misteriosa la estatua de un espejo
aún así en ella se refleja su corazón
Ella es un poema escribiéndose sobre papel
Su pelo manantial de aromas tan puros como el mar sin su sal
Ni que la madre naturaleza la hubiere esbozado a trazos
con un pincel de finos bellos de zorzal
Y puedo decir que de su belleza se alimentan ávidos luceros
pero de su resplandor vive mi alma solitaria
Ya dentro, en su morada, me invita a tomar el té
Sus labios brillan en cada sorbo,
y yo, mientras, en cada libación pienso
que de sutil poesía me enamoré
me conquistaron las caricias de sus simples manos de seda
De sus faldas danzan y corren riachuelos de miel
Su silueta es el amanecer del sol saliente entre montañas
Dejemos, oxidados, que los filósofos razonen
y nosotros bebamos de la misma copa, el mismo vino
Me enamoré de un poema en vez de una mujer
Dulces melodías que su voz entona sin querer
En cada paso sus pies flotan,
pues el viento imposible la deje algún día caer
Y en esos pasos cae tímida una rosa
que marchita mis tormentos y llena de césped la aridez
Como pórticos se abren, sus ojos, dejando entrar ángeles sumisos
A tropiezos me aferro a su mano, y de suerte, me recoge en su regazo
Me enamoré de sus historias
de su risa revoltosa como zorzales de primavera
Que su travieso andar me hipnotice,
que nos guíe a su guarida oculta bajo miles de claveles
En su jardín yace misteriosa la estatua de un espejo
aún así en ella se refleja su corazón
Ella es un poema escribiéndose sobre papel
Su pelo manantial de aromas tan puros como el mar sin su sal
Ni que la madre naturaleza la hubiere esbozado a trazos
con un pincel de finos bellos de zorzal
Y puedo decir que de su belleza se alimentan ávidos luceros
pero de su resplandor vive mi alma solitaria
Ya dentro, en su morada, me invita a tomar el té
Sus labios brillan en cada sorbo,
y yo, mientras, en cada libación pienso
que de sutil poesía me enamoré