Extranjera
es la calma del lago.
Fronteriza, la tierra
que desplaza y me desplaza
cuando ansiosa por anidarme
pisoteando mi imagen
me refleja, agónicamente sucio
dejándome a un paso
de subsistir
como agua que suspira el final.
El tiempo se estira, me estira, y me lleva
amordazado a hilos
que se han soltado obedientes
y que ahora, foráneos, empujan
mientras indefenso
voy.
Mi mundo otro
soledad, angustia, crecen viudas de mí
crecen por allá, por acá
crecen como crece el césped
rebeldes.
Sin pertenecer, comienzo a dejar de ser
y me pierdo, en el instante amansador
el garfio se transforma en mano salvadora
y retiene y seduce y convence
mortalmente me convence
a que una vez restituido, sea
el mundo que me soltó.
es la calma del lago.
Fronteriza, la tierra
que desplaza y me desplaza
cuando ansiosa por anidarme
pisoteando mi imagen
me refleja, agónicamente sucio
dejándome a un paso
de subsistir
como agua que suspira el final.
El tiempo se estira, me estira, y me lleva
amordazado a hilos
que se han soltado obedientes
y que ahora, foráneos, empujan
mientras indefenso
voy.
Mi mundo otro
soledad, angustia, crecen viudas de mí
crecen por allá, por acá
crecen como crece el césped
rebeldes.
Sin pertenecer, comienzo a dejar de ser
y me pierdo, en el instante amansador
el garfio se transforma en mano salvadora
y retiene y seduce y convence
mortalmente me convence
a que una vez restituido, sea
el mundo que me soltó.