Esclava y mártir.

Y si el destino volviese a estar en mis manos.
Roto o corrompido.
Lleno de nudos o en libertad propia.
Lo desataria nuevamente entre tus caderas.
Porque en aquel valle que desciende entre tus infiernos,
he sabido apreciar los paisajes del edén.
Ni un Adán con su Eva,
ni siquiera una manzana podrida con su serpiente.
Solamente tú y tus ojos.

Si pudiese pedir un deseo al infinito,
y saber que al despertar lo tendría concedido,
seria saberme tuya,
y que tu dejases de pertenecerte.
Saber que soy todo y lo único que tienes.
Como esa taza favorita mía,
que me permite seguir bebiendo otro sorbo de café.
O ese paquete de cigarros que me mantiene cuerda.
Acaso alguna vez fui todo lo que tenías?

Las opciones en tu lista de amores a escoger es infinita.
Como los campos de girasoles en miniatura,
que posan sobre tus mejillas.
Así es toda la naturaleza pura que te abarca,
así es tu cielo y en él te comtemplo como a la luna grande.
Como al paraíso que sueñan los bastardos,
y los pecadores sin gloria ni pena.
Yo te imploro sabiendo que no vendrás.
Porque esa es la naturaleza del ciervo.
Servir y no esperar nada a cambio.
 
Última edición:
Y si el destino volviese a estar en mis manos.
Roto o corrompido.
Lleno de nudos o en libertad propia.
Lo desataria nuevamente entre tus caderas.
Porque en aquel valle que desciende entre tus infiernos,
he sabido apreciar los paisajes del edén.
Ni un Adán con su Eva,
ni siquiera una manzana podrida con su serpiente.
Solamente tú y tus ojos.

Si pudiese pedir un deseo al infinito,
y saber que al despertar lo tendría concedido,
seria saberme tuya,
y que tu dejases de pertenecerte.
Saber que soy todo y lo único que tienes.
Como esa taza favorita mía,
que me permite seguir bebiendo otro sorbo de café.
O ese paquete de cigarros que me mantiene cuerda.
Acaso alguna vez fui todo lo que tenías?

Las opciones en tu lista de amores a escoger es infinita.
Como los campos de girasoles en miniatura,
que posan sobre tus mejillas.
Así es toda la naturaleza pura que te abarca,
así es tu cielo y en él te comtemplo como a la luna grande.
Como al paraíso que sueñan los bastardos,
y los pecadores sin gloria ni pena.
Yo te imploro sabiendo que no vendrás.
Porque esa es la naturaleza del ciervo.
Servir y no esperar nada a cambio.
Hola.
Me ha gustado mucho tu poema.
Ese amor que se brinda por entero, sin guardarse nada.
Gran abrazo!!
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba