Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Me lees la suerte en la mano, me calculas la hipérbole de esta
luenga vida, me llamas necio porque me río, me lago, me arroyo,
como un barquito de papel periódico en el fondo de un charco
que todas las noches boga, estático antiestético, entre cuerpos celestes
y la nota roja del día de hace muchos años, mañana también.
Te gusta imaginar cómo amaba la gente cuando la tierra navegaba,
errática, los cristales oscuros de los dioses fibromiálgicos,
con sus pilares paquidermos plantados en una tortuga,
cuando al auriga se le hacía de noche sin amanecer,
y tú te despiertas ahora, un eón después, a las tres de la mañana,
una semana tarde para atender tu negocio de irte,
pero enredada en el arácnido feo, leyéndole la suerte, la vida.
Me gusta que imagines lo imposible, mecánica cuántica,
y que intentes hacerme entrar en razón de la sinrazón;
pero Antares eres tú, tus crines al viento, en la tina tus cabellos
interrogantes por todas partes, en la almohada que despeino
cuando no llegas, todo tu brillo, tu multitud de estrella desconfiada,
poema donde no importa la distancia rutilante, el catasterismo
que te nombra diosa, cárnica y alucinante, y no te salva del estrés,
pero tampoco de este supremo instante donde deletreas mi mano
y me auguras la suerte impredecible: Lili querida,
¿quién puede ser más afortunado que yo?
luenga vida, me llamas necio porque me río, me lago, me arroyo,
como un barquito de papel periódico en el fondo de un charco
que todas las noches boga, estático antiestético, entre cuerpos celestes
y la nota roja del día de hace muchos años, mañana también.
Te gusta imaginar cómo amaba la gente cuando la tierra navegaba,
errática, los cristales oscuros de los dioses fibromiálgicos,
con sus pilares paquidermos plantados en una tortuga,
cuando al auriga se le hacía de noche sin amanecer,
y tú te despiertas ahora, un eón después, a las tres de la mañana,
una semana tarde para atender tu negocio de irte,
pero enredada en el arácnido feo, leyéndole la suerte, la vida.
Me gusta que imagines lo imposible, mecánica cuántica,
y que intentes hacerme entrar en razón de la sinrazón;
pero Antares eres tú, tus crines al viento, en la tina tus cabellos
interrogantes por todas partes, en la almohada que despeino
cuando no llegas, todo tu brillo, tu multitud de estrella desconfiada,
poema donde no importa la distancia rutilante, el catasterismo
que te nombra diosa, cárnica y alucinante, y no te salva del estrés,
pero tampoco de este supremo instante donde deletreas mi mano
y me auguras la suerte impredecible: Lili querida,
¿quién puede ser más afortunado que yo?
22 de mayo de 2022
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