Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Muero en el letargo de mi autoestima,
enamorado del paisaje,
enardeciendo en mis ojos sin vida,
lo que atormenta mi calma,
enarbolando palabras desnudas,
y no banderas aparte;
espejo en el que se lustra mi sangre
también la tuya.
Adolecen las tardes sin morada
en el patio del mundo,
cuando Invierno afila su espada,
y Noche recrea segundos;
encamados sueños a la espera de Alba.
Sé que la espera no sirvió para nada,
sé que la nada espera
alentando a cualquier Primavera;
y ya florece florezca.
Amontonadas hojas enaltecerán
la esencia de lo vivo,
como recuerdos extasiados
recordando el olvido.
Acalladas las prodigiosas manos
culpables de mi destino.Escribo.
enamorado del paisaje,
enardeciendo en mis ojos sin vida,
lo que atormenta mi calma,
enarbolando palabras desnudas,
y no banderas aparte;
espejo en el que se lustra mi sangre
también la tuya.
Adolecen las tardes sin morada
en el patio del mundo,
cuando Invierno afila su espada,
y Noche recrea segundos;
encamados sueños a la espera de Alba.
Sé que la espera no sirvió para nada,
sé que la nada espera
alentando a cualquier Primavera;
y ya florece florezca.
Amontonadas hojas enaltecerán
la esencia de lo vivo,
como recuerdos extasiados
recordando el olvido.
Acalladas las prodigiosas manos
culpables de mi destino.Escribo.
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