Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
ESCUCHA
Escucha, escucha, escucha,
ese retumbar de oboes en el vidrio,
el estrépito de canicas chocándose en la arena,
el estallido de lozas en el agua…
escucha, escucha, escucha,
ese estribillo de rocío en la verja,
la sinfonía del pájaro huidizo
en el corazón del bosque trashumante,
el bramido de la ola
en los oídos lacrados de la piedra…
escucha, escucha, escucha,
ese martilleo de hiedra socavando las paredes,
el cascabeleo de corceles irisando las estepas,
el sonajero de dientes jugando parqués en el sueño…
escucha, escucha, escucha,
ese trotar de pasto en las sabanas,
el ronroneo de fiebres acicalando las sienes,
el mugido de la brisa devanando impotente
los acantilados de la tarde;
escucha, escucha, escúchalo,
es el silencio,
el locuaz silencio buscando pesaroso
ese alto precipicio
desde donde pregonar el eco de tu nombre.
Escucha, escucha, escucha,
ese retumbar de oboes en el vidrio,
el estrépito de canicas chocándose en la arena,
el estallido de lozas en el agua…
escucha, escucha, escucha,
ese estribillo de rocío en la verja,
la sinfonía del pájaro huidizo
en el corazón del bosque trashumante,
el bramido de la ola
en los oídos lacrados de la piedra…
escucha, escucha, escucha,
ese martilleo de hiedra socavando las paredes,
el cascabeleo de corceles irisando las estepas,
el sonajero de dientes jugando parqués en el sueño…
escucha, escucha, escucha,
ese trotar de pasto en las sabanas,
el ronroneo de fiebres acicalando las sienes,
el mugido de la brisa devanando impotente
los acantilados de la tarde;
escucha, escucha, escúchalo,
es el silencio,
el locuaz silencio buscando pesaroso
ese alto precipicio
desde donde pregonar el eco de tu nombre.
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