Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Entre tierra y cielo emerges
de entre los árboles el viento
encandece piedras hurtadas
desde los albores del centro
de la tierra.
El cómplice eres de todo lo que vive,
y yo, prendiendo cincel y martillo, horado grácil
toda tu presencia que anida en mi crisol
hecho de mis manos y mis dedos, osando moldear el tuyo.
A veces he querido robar
esta amalgama inequívoca, que se disemina
hacia minúsculos océanos siderales
del espacio: tu y mi lugar eterno.
Cada estrella celeste de este
firmamento del envoltorio de mi universo
es testigo de consteladas plegarias que
he escrito en la pizarra del cielo.
Y en las apariencias,
evidencias que la luz es perpetua,
horadando la materia: hija del significado
del verbo mismo que se hizo tierra
y de confidentes deseos de mi entrega ciega.
¡No hay banderas! Veleta hecha,
que navegas pasadizos hecho cielo:
derroteros, mi veleta,
ya no enredaderas que trepan, ahorcando
cada tallo y talle como legados de un mal sueño.
Y si esbozo que cielo eres
oscuro el firmamento se entristece, desdeñando
altares y sagrados versos, como cuando emerges,
ascendiendo
hasta la atalaya.
de entre los árboles el viento
encandece piedras hurtadas
desde los albores del centro
de la tierra.
El cómplice eres de todo lo que vive,
y yo, prendiendo cincel y martillo, horado grácil
toda tu presencia que anida en mi crisol
hecho de mis manos y mis dedos, osando moldear el tuyo.
A veces he querido robar
esta amalgama inequívoca, que se disemina
hacia minúsculos océanos siderales
del espacio: tu y mi lugar eterno.
Cada estrella celeste de este
firmamento del envoltorio de mi universo
es testigo de consteladas plegarias que
he escrito en la pizarra del cielo.
Y en las apariencias,
evidencias que la luz es perpetua,
horadando la materia: hija del significado
del verbo mismo que se hizo tierra
y de confidentes deseos de mi entrega ciega.
¡No hay banderas! Veleta hecha,
que navegas pasadizos hecho cielo:
derroteros, mi veleta,
ya no enredaderas que trepan, ahorcando
cada tallo y talle como legados de un mal sueño.
Y si esbozo que cielo eres
oscuro el firmamento se entristece, desdeñando
altares y sagrados versos, como cuando emerges,
ascendiendo
hasta la atalaya.
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