Bueno, ahí resbalan nuevamente
Tus ojos por mi cara
Como dos gotas curiosas
Que humedecen la piel.
¿No vas a mirarme?
Se escurren deliciosos
esta mañana en las mejillas
mañana por la frente
pasado entre los labios.
¿Pero hoy, no vas a mirarme?
Y cuando se aplican, severos
al propio reflejo de los míos
permanecen quietitos, mudos
como gotas ofendidas.
Y sin embargo, no me mirás.
Porque el día que me mires
no podré rehusar el grito
de quién se hunde en ráfagas
en arenas inclementes
en superficies de asfixia,
de quién persiste en la brumosa
sucesiva, inacabable
silueta del olvido
que brota
paralela a tu sonrisa.
De quién avista, atolondrado
un alma.
Ese día me verás.
Y yo no veré otra cosa.
Para siempre.
Tus ojos por mi cara
Como dos gotas curiosas
Que humedecen la piel.
¿No vas a mirarme?
Se escurren deliciosos
esta mañana en las mejillas
mañana por la frente
pasado entre los labios.
¿Pero hoy, no vas a mirarme?
Y cuando se aplican, severos
al propio reflejo de los míos
permanecen quietitos, mudos
como gotas ofendidas.
Y sin embargo, no me mirás.
Porque el día que me mires
no podré rehusar el grito
de quién se hunde en ráfagas
en arenas inclementes
en superficies de asfixia,
de quién persiste en la brumosa
sucesiva, inacabable
silueta del olvido
que brota
paralela a tu sonrisa.
De quién avista, atolondrado
un alma.
Ese día me verás.
Y yo no veré otra cosa.
Para siempre.