jorge bonanno
Poeta fiel al portal
Cuando advertí que las mañanas
no serían infinitas,
cuando caí en cuenta que las estrellas
no estarían para siempre.
Ese día.
Salí a encontrar la belleza de la vida
-que se oculta y permanece-
en la más mínima hendija,
en el último intersticio de la verdad
que aguarda en el camino.
Y le saque el llanto
y le puse risa.
Puse toda la tragedia
dentro de la desesperanza
y las diluí en el optimismo.
Ese día, cuando advertí
que el juego tiene un final
y que adviene implacable
se juegue o no se juegue;
Ese día, entendí cuanto vale
cada segundo que respiro.
no serían infinitas,
cuando caí en cuenta que las estrellas
no estarían para siempre.
Ese día.
Salí a encontrar la belleza de la vida
-que se oculta y permanece-
en la más mínima hendija,
en el último intersticio de la verdad
que aguarda en el camino.
Y le saque el llanto
y le puse risa.
Puse toda la tragedia
dentro de la desesperanza
y las diluí en el optimismo.
Ese día, cuando advertí
que el juego tiene un final
y que adviene implacable
se juegue o no se juegue;
Ese día, entendí cuanto vale
cada segundo que respiro.