sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ese verso que
quedó en las aguas,
entre la nobleza de sus letras,
quedó en el tiempo
para formular su amor en compañía
de cada luz en su simpatía.
El momento de su dulce
bienestar,
llamado poesía
en el fruto
de su voluntad.
Las palabras eran
lo que le hacían llorar
porque ese amor
duradero
lo podría afrontar.
Sus sueños
quedaron en sus lágrimas,
esa emoción que por
amor no se puede escapar.
La energía de su razón,
era el puente de su salvación,
cuando el deseo era
más que amar a una letra.
El tiempo estaba escrito,
la llama de su corazón
se guiaba
hasta encontrar a
su alma gemela,
porque entre sus bellos
paisajes
se pudo afrontar
la belleza
que tenía
en sus pensamientos.
No se podía ocultar
que la magia
era su esfuerzo
y su alegría,
que cada sueño
era poesía.
Porque de su navegación,
el color era la entrada
hacia un mundo,
que flotaba entre cada línea
que se miraba desde
el profundo sentir,
ese que no lo dejaba
huir,
porque cuando
llamó a su esplendor
le dijo el interior
que los palpitos
eran sonrisas,
de verse complacidas
en los espejos
que reflejaban
las suaves gotas,
dibujando
a un verso
que se quiso superar
para entrar en la pureza
de la naturaleza,
hasta llegar a la fe
que le enseñó
a vivir
bajo su propia
protección,
esa que quedó en las aguas
a la misma vez que recorrió
su camino
que le llevó
a su calma.
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