Me cuentan que en tiempos idos,
Las cosas eran mejor;
Tú ibas a una tienda y pedía tres y dos,
Tres centavos eran de pan y los dos de mantequilla,
Pero te daban un canto, que era todo una comida.
Un huevo valía un centavo,
Pero costaba un huevo ganarse ese centavo;
Los hombres trabajadores, cultivaban sus finquitas,
Y era así como podían mantener a su familia.
Con muy poco se hacía compra,
Y el vendedor te fiaba, la leche, el arroz, la harina;
Y mientras tu trabajabas para pagarle mas luego,
Tus hijos se alimentaban y hasta quedaba pal perro.
Eso si que las mujeres, parían por mucho más,
Y crecía la familia, el marido las preñaba de mirarla a la soltá;
No había televisión y lavaban en el río,
Y para cocinar, tenían siempre el fogón, atizado y encendido.
Leche materna les daban a sus hijos de alimento,
Y por que no usaban sostenes le aumentaban más sus senos;
El hombre tenía más, otras mujeres en la calle,
Y aparecían muchachos, cuando al morir a llorarle.
Eran sus hijos bastardas, porque no los inscribía,
Pero ahora uno se jode sino lo hace enseguida;
Ahora la ley es más fuerte, te meten preso corriendo,
Si se enteran que a tus hijos, tú no les da alimentos.
De eso si que yo me río, porque los míos crié,
Y no tuvo ningún juez venirme con esos cuentos;
Eso me cuentan, los viejos, al hablarme de otros tiempos,
Pero yo vivo ahora, y aquellos, que sean de ellos recuerdo.
Las cosas eran mejor;
Tú ibas a una tienda y pedía tres y dos,
Tres centavos eran de pan y los dos de mantequilla,
Pero te daban un canto, que era todo una comida.
Un huevo valía un centavo,
Pero costaba un huevo ganarse ese centavo;
Los hombres trabajadores, cultivaban sus finquitas,
Y era así como podían mantener a su familia.
Con muy poco se hacía compra,
Y el vendedor te fiaba, la leche, el arroz, la harina;
Y mientras tu trabajabas para pagarle mas luego,
Tus hijos se alimentaban y hasta quedaba pal perro.
Eso si que las mujeres, parían por mucho más,
Y crecía la familia, el marido las preñaba de mirarla a la soltá;
No había televisión y lavaban en el río,
Y para cocinar, tenían siempre el fogón, atizado y encendido.
Leche materna les daban a sus hijos de alimento,
Y por que no usaban sostenes le aumentaban más sus senos;
El hombre tenía más, otras mujeres en la calle,
Y aparecían muchachos, cuando al morir a llorarle.
Eran sus hijos bastardas, porque no los inscribía,
Pero ahora uno se jode sino lo hace enseguida;
Ahora la ley es más fuerte, te meten preso corriendo,
Si se enteran que a tus hijos, tú no les da alimentos.
De eso si que yo me río, porque los míos crié,
Y no tuvo ningún juez venirme con esos cuentos;
Eso me cuentan, los viejos, al hablarme de otros tiempos,
Pero yo vivo ahora, y aquellos, que sean de ellos recuerdo.