Jacobino
Poeta recién llegado
Un sacerdote español, pedófilo,
esparció caricias y golpes, besos
y amenazas, durante años y años
sobre niños asustados
de que Dios les fuera a partir el alma
como hacía en sucios vestuarios, aquél,
su embajador...
José Ángel esparcía su simiente negra
de cincuentón lastrado, de auto reprimido censor,
hombre de iglesia no conformado,
al tiempo que grababa su tarea de pastor espúreo
en vídeos escondidos, para después a solas,
poderse liberar una segunda vez.
¿Es él, un tipo tan desgraciado,
quien la mala semilla escampa?
El es, en mi opinión, alguien de sentir castrado
que, por caminos tortuosos, llega a delinquir
del modo más cobarde: contra niños de boca callada.
Esos sacerdotes son delincuentes
y con cárcel deben pagar su daño,
una vez se demuestra su culpabilidad oscura.
No, quien la mala simiente esparce
es la propia Iglesia, son sus dirigentes,
echaron sal sobre la tierra de abono
los superiores de tal enfermo cruel,
cuando lo cambiaron hasta siete veces
de población y colegio, cuando velaron la culpa
y a quienes tal sátrapa enviaban
no daban aviso alguno de su comportamiento
abusón, su cobardía, su enfermedad...
dejaban en sus manos a niños nuevos,
en realidad le daban más material que mancillar.
Los dirigentes de la Iglesia que ocultan,
engañan, protegen al culpable,
dejan indefensas a sus víctimas
y tan sólo se rasgan las vestiduras
una vez han sido descubiertos.
Atrapado en Chile por sus mismos hábitos,
en cárcel y por la justicia española demandado,
es cuando gritan escandalizados,
juran que el pedófilo será expulsado.
Pero, entretanto, la mala semilla que surge
de los oscuros y turbios templos,
donde el sexo se prohibe pero no la bestialidad,
se va escampando de pueblo en pueblo,
empelido por un viento cruel... que son las manos
de una iglesia protectora de criminales
por ella misma formados. Las manos,
peor aún, los cerebros ruines
de quienes no se atreven a ver nunca la luz del sol.
Josep; 16.03.2010.
esparció caricias y golpes, besos
y amenazas, durante años y años
sobre niños asustados
de que Dios les fuera a partir el alma
como hacía en sucios vestuarios, aquél,
su embajador...
José Ángel esparcía su simiente negra
de cincuentón lastrado, de auto reprimido censor,
hombre de iglesia no conformado,
al tiempo que grababa su tarea de pastor espúreo
en vídeos escondidos, para después a solas,
poderse liberar una segunda vez.
¿Es él, un tipo tan desgraciado,
quien la mala semilla escampa?
El es, en mi opinión, alguien de sentir castrado
que, por caminos tortuosos, llega a delinquir
del modo más cobarde: contra niños de boca callada.
Esos sacerdotes son delincuentes
y con cárcel deben pagar su daño,
una vez se demuestra su culpabilidad oscura.
No, quien la mala simiente esparce
es la propia Iglesia, son sus dirigentes,
echaron sal sobre la tierra de abono
los superiores de tal enfermo cruel,
cuando lo cambiaron hasta siete veces
de población y colegio, cuando velaron la culpa
y a quienes tal sátrapa enviaban
no daban aviso alguno de su comportamiento
abusón, su cobardía, su enfermedad...
dejaban en sus manos a niños nuevos,
en realidad le daban más material que mancillar.
Los dirigentes de la Iglesia que ocultan,
engañan, protegen al culpable,
dejan indefensas a sus víctimas
y tan sólo se rasgan las vestiduras
una vez han sido descubiertos.
Atrapado en Chile por sus mismos hábitos,
en cárcel y por la justicia española demandado,
es cuando gritan escandalizados,
juran que el pedófilo será expulsado.
Pero, entretanto, la mala semilla que surge
de los oscuros y turbios templos,
donde el sexo se prohibe pero no la bestialidad,
se va escampando de pueblo en pueblo,
empelido por un viento cruel... que son las manos
de una iglesia protectora de criminales
por ella misma formados. Las manos,
peor aún, los cerebros ruines
de quienes no se atreven a ver nunca la luz del sol.
Josep; 16.03.2010.
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