Era septiembre el mes deseado de mi cumpleaños.
Estuve allí sentado mirando de frente el reloj
remeciendo la persiana oscura de mí cuarto,
bebiendo una copa de vino, esa razón para olvidarte.
No me importo si aquel día cumpliese diecinueve.
Al conocerte los días se disecaron y se olvidaron,
de alguna manera he estado solo siempre con el mismo
asombro de estar precedido por la irremediable imagen tuya.
Tu vez la aurora gritando de alegría, yo miro el cielo
caído, desorbitado de su propia margen, herido.
Nunca vi el eclipse de la muerte erguirse lo siento
entre mi espalda y la forma rutinal de cada día.
Infinitamente yo me siento, inerte, disipado, atragantado
con el propio respiro de mí nunca llegada flor.
Tú los años los mantienes en tus manos, fijos en tus palmas
yo los míos los tengo en tu helada vestidura.
Tu mañana y la mía alejadas, estamos tan dispersos
aislados del mismo aire, jamás había a llegado a pensar
en tal degradación, me he sumido tanto a ti al resto
de tu imagen y al beso oculto nunca estallado en mis labios.
La verdad nunca la supe y tal vez. ¡Sí!. Lo admito
siempre te quise, aun sin conocerte sufría del mismo
dolor de no sentirte inmutable respirando en mi aire.
Estuve allí sentado mirando de frente el reloj
remeciendo la persiana oscura de mí cuarto,
bebiendo una copa de vino, esa razón para olvidarte.
No me importo si aquel día cumpliese diecinueve.
Al conocerte los días se disecaron y se olvidaron,
de alguna manera he estado solo siempre con el mismo
asombro de estar precedido por la irremediable imagen tuya.
Tu vez la aurora gritando de alegría, yo miro el cielo
caído, desorbitado de su propia margen, herido.
Nunca vi el eclipse de la muerte erguirse lo siento
entre mi espalda y la forma rutinal de cada día.
Infinitamente yo me siento, inerte, disipado, atragantado
con el propio respiro de mí nunca llegada flor.
Tú los años los mantienes en tus manos, fijos en tus palmas
yo los míos los tengo en tu helada vestidura.
Tu mañana y la mía alejadas, estamos tan dispersos
aislados del mismo aire, jamás había a llegado a pensar
en tal degradación, me he sumido tanto a ti al resto
de tu imagen y al beso oculto nunca estallado en mis labios.
La verdad nunca la supe y tal vez. ¡Sí!. Lo admito
siempre te quise, aun sin conocerte sufría del mismo
dolor de no sentirte inmutable respirando en mi aire.