guillermo rasta
Poeta fiel al portal
A veces somos tan imbéciles,
nosotros los hombres,
hasta cuando dejamos de serlo,
por el amor, al que nosotros mismos pusimos el velo.
Es que mi cuerpo no resistía la idea,
de que otros te vieran,
de que mi calma solo con eso ya se fuera,
y que estes tu ahí, tan bella,
y los otros con mas de un millon de orejas.
La culpa es mía,
pues no pude controlar mi verdad,
llegando al extremo de separar,
mi conciencia terrenal, de tu aroma tan superficial,
ahora te vas tan vacía,
pues no era, lo que tú creías.
Si te hice daño,
mas por los celos, de esos que yo viví de tanto,
que por el amor, y una buena comprención,
que no supe darla yo!
hasta que mi boca no te podía dejar de gritar,
hasta que mi maldad,
razgo las puertas de nuestra felicidad.
Ya no estás a mi lado,
pues no veo un futuro cierto aquí,
solo veo tu llanto,
y en pocas palabras tú no quisieras seguir así,
aléjate de mí,
que yo tendré que morir,
para llegar algún día a reconstruir todo ese amor inato,
que tu me demostraste tanto,
y que yo por las malas lenguas terminé despreciando.
Espero que seas feliz,
con otro,
que hasta me da rabia decirlo,
pero si te conviene a tí,
yo me tomaré un relajo (y cuanto me costaba tanto)
para ver lo que de verdad me gusta tanto,
antes de volver a herir,
antes de poner a otra chica sufrir,
esos sentimientos tan bonitos,
que un día encontré en tí...
nosotros los hombres,
hasta cuando dejamos de serlo,
por el amor, al que nosotros mismos pusimos el velo.
Es que mi cuerpo no resistía la idea,
de que otros te vieran,
de que mi calma solo con eso ya se fuera,
y que estes tu ahí, tan bella,
y los otros con mas de un millon de orejas.
La culpa es mía,
pues no pude controlar mi verdad,
llegando al extremo de separar,
mi conciencia terrenal, de tu aroma tan superficial,
ahora te vas tan vacía,
pues no era, lo que tú creías.
Si te hice daño,
mas por los celos, de esos que yo viví de tanto,
que por el amor, y una buena comprención,
que no supe darla yo!
hasta que mi boca no te podía dejar de gritar,
hasta que mi maldad,
razgo las puertas de nuestra felicidad.
Ya no estás a mi lado,
pues no veo un futuro cierto aquí,
solo veo tu llanto,
y en pocas palabras tú no quisieras seguir así,
aléjate de mí,
que yo tendré que morir,
para llegar algún día a reconstruir todo ese amor inato,
que tu me demostraste tanto,
y que yo por las malas lenguas terminé despreciando.
Espero que seas feliz,
con otro,
que hasta me da rabia decirlo,
pero si te conviene a tí,
yo me tomaré un relajo (y cuanto me costaba tanto)
para ver lo que de verdad me gusta tanto,
antes de volver a herir,
antes de poner a otra chica sufrir,
esos sentimientos tan bonitos,
que un día encontré en tí...