marquelo
Negrito villero
Ella tiene ese paradigma con que comulgan los filósofos hasta el hérculeo bostezo
hasta el encadenamiento del zumbido con el néctar más navegable que alcanza el abrazo;
en sus cejas está la humedad lumínica del rocio orillando siempre la visita del cuerpo en las arenas.
Una y otra vez vendrían también cierto color naranja tajeado allá arriba
como una herida de animal en fuga.
El silencio también sostiene las cosas- dijo la metáfora aún salvaje y liquida-
cuando las voces tratan de descolgar aquel canto ubérrimo
que se desprende del viento que generan las manos suaves,
sencillas en su tono
y un vendaval de palabras forman una ronda campesina hasta que se limpien todos los restos de la noche
que dejaron
los amantes arquitectónicos construyendo Tiempo y Aire blanco para escribir historias nuevas de amor y delirio.
Yo vocifero y soy viento y te levanto a escondidas hasta tu Si develado,
fui ansia y soy chispa que traspasa tus ventanas tus cabellos
los himnos de tu pecho y me escondo
debajo de tus sabanas a la espera de tu voz huérfana de frío
para luego cuando duermas asaltarte en tu silencio.
hasta el encadenamiento del zumbido con el néctar más navegable que alcanza el abrazo;
en sus cejas está la humedad lumínica del rocio orillando siempre la visita del cuerpo en las arenas.
Una y otra vez vendrían también cierto color naranja tajeado allá arriba
como una herida de animal en fuga.
El silencio también sostiene las cosas- dijo la metáfora aún salvaje y liquida-
cuando las voces tratan de descolgar aquel canto ubérrimo
que se desprende del viento que generan las manos suaves,
sencillas en su tono
y un vendaval de palabras forman una ronda campesina hasta que se limpien todos los restos de la noche
que dejaron
los amantes arquitectónicos construyendo Tiempo y Aire blanco para escribir historias nuevas de amor y delirio.
Yo vocifero y soy viento y te levanto a escondidas hasta tu Si develado,
fui ansia y soy chispa que traspasa tus ventanas tus cabellos
los himnos de tu pecho y me escondo
debajo de tus sabanas a la espera de tu voz huérfana de frío
para luego cuando duermas asaltarte en tu silencio.
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