camicho
Poeta asiduo al portal
Cuando el alma se ha ido,
también la poesía.
Todo tiene eco en este ataúd de carne y huesos;
sobre todo el pensamiento
que no se deja amordazar.
Todos los zumbidos
renuncian a su melodía
cuando la quietud se baña en sangre.
Finados los lamentos,
se empieza a cuestionar.
Florecen heridas con polen filante oxidado;
antes de aferrarse coagulado;
acaricia la piel
con tibia y húmeda ternura.
El silencio ha decidido alejarse
y su último abrazo
aprisiona el torso a fuerza,
liberando sedimentos y tierra olvidada
luego de exhalada la soledad.
Los versos declamados,
en aromas desde su piel,
escasean en los lienzos de palmas
rogando mas a su cielo.
Tintero de los recuerdos,
roto,
desangrado…
cada gota suicida
precipita indecisa
hacia el océano de la monotonía.
Los residuos en la pluma,
se administran azarosos
en retazos de palabras
que giran como dados
formando eufemismos
que alimenten ocasos.
Es cuando el alma vacía se entiende
con déficit de eternidades
y menguado el brillo que la inmortaliza.
Carente de las armonías
que de fin a sus días.
Se entiende sucia de apatía,
ajena…
hasta prostituida por la cotidianidad.
Carente del motivo
que llene aquel vacío…
también la poesía.
Todo tiene eco en este ataúd de carne y huesos;
sobre todo el pensamiento
que no se deja amordazar.
Todos los zumbidos
renuncian a su melodía
cuando la quietud se baña en sangre.
Finados los lamentos,
se empieza a cuestionar.
Florecen heridas con polen filante oxidado;
antes de aferrarse coagulado;
acaricia la piel
con tibia y húmeda ternura.
El silencio ha decidido alejarse
y su último abrazo
aprisiona el torso a fuerza,
liberando sedimentos y tierra olvidada
luego de exhalada la soledad.
Los versos declamados,
en aromas desde su piel,
escasean en los lienzos de palmas
rogando mas a su cielo.
Tintero de los recuerdos,
roto,
desangrado…
cada gota suicida
precipita indecisa
hacia el océano de la monotonía.
Los residuos en la pluma,
se administran azarosos
en retazos de palabras
que giran como dados
formando eufemismos
que alimenten ocasos.
Es cuando el alma vacía se entiende
con déficit de eternidades
y menguado el brillo que la inmortaliza.
Carente de las armonías
que de fin a sus días.
Se entiende sucia de apatía,
ajena…
hasta prostituida por la cotidianidad.
Carente del motivo
que llene aquel vacío…
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