Adriana Argento
Poeta recién llegado
Una estrella fugaz
incrustada en el horizonte,
cual cadáveres contempla
sentados al costado de la luna.
Y mucho más que uno
en la inmensa quietud de la llanura.
Mirando parapléjicos
a los enfermos, a la locura.
Estando y no estando
te veo y te creo.
Existes ahí,
lo sé, lo siento.
Me invade el dolor,
el fantasma de tu ausencia,
la necesidad de verte,
la tibieza, la latencia.
Desvelados mis ojos
deambulando en lo pasado.
Sólo presiento el fuego derramado
y aún iluminado.
Pero sin explicación estás ahí,
al costado de la luna,
en el largo camino de lo lejano,
que se hace presente como algo
agrio, triste y amargo.
Etapa final
que no tiene remedio.
Porque como un barrilete
llegaste muy lejos.
Hilando escalones,
hilvanando una vida,
Te fuiste de pronto,
dejándome muerta en vida.
Pero como se que estás
sentado al costado de la luna.
te miro a los ojos,
y te entrego mi vida.
ALMA
incrustada en el horizonte,
cual cadáveres contempla
sentados al costado de la luna.
Y mucho más que uno
en la inmensa quietud de la llanura.
Mirando parapléjicos
a los enfermos, a la locura.
Estando y no estando
te veo y te creo.
Existes ahí,
lo sé, lo siento.
Me invade el dolor,
el fantasma de tu ausencia,
la necesidad de verte,
la tibieza, la latencia.
Desvelados mis ojos
deambulando en lo pasado.
Sólo presiento el fuego derramado
y aún iluminado.
Pero sin explicación estás ahí,
al costado de la luna,
en el largo camino de lo lejano,
que se hace presente como algo
agrio, triste y amargo.
Etapa final
que no tiene remedio.
Porque como un barrilete
llegaste muy lejos.
Hilando escalones,
hilvanando una vida,
Te fuiste de pronto,
dejándome muerta en vida.
Pero como se que estás
sentado al costado de la luna.
te miro a los ojos,
y te entrego mi vida.
ALMA