Estás llena de sangre.
Si la tarde es ocaso,
los ojos prematuros de la noche
ya ofertan su lenguaje de cosecha
en los ritos del aire enamorado.
Acostado en tu piel, todo lo que sucede
es un signo de invierno coagulado
que no pesa en el lienzo,
como las hojas muertas de los árboles
después de una nevada,
como los símbolos antiguos del regreso
que en ti se conmemora.
El acaso se tiñe de ojalá
y desbordas de ti, muy parecida
a un río que ha preñado la tormenta.
Y la lluvia no cesa,
y nada está ocurriendo
sino sólo tu sangre
contagiando a la mía,
habitándola
como si hubieran trasplantado tus latidos
en el ritmo cardiaco de mi espera.
Si la tarde es ocaso,
los ojos prematuros de la noche
ya ofertan su lenguaje de cosecha
en los ritos del aire enamorado.
Acostado en tu piel, todo lo que sucede
es un signo de invierno coagulado
que no pesa en el lienzo,
como las hojas muertas de los árboles
después de una nevada,
como los símbolos antiguos del regreso
que en ti se conmemora.
El acaso se tiñe de ojalá
y desbordas de ti, muy parecida
a un río que ha preñado la tormenta.
Y la lluvia no cesa,
y nada está ocurriendo
sino sólo tu sangre
contagiando a la mía,
habitándola
como si hubieran trasplantado tus latidos
en el ritmo cardiaco de mi espera.