Seisen
Poeta adicto al portal
Cuántas vetas de alabastro pululando;
cuántos vidrios clavados en mandíbulas.
Es notorio al fin ser la medusa
que suave se desliza, blanca espuma
son perlas de la boca, ser premisa;
sin sapiencia de reales atavismos
mudos signos, caracola del oído
rompiéndose desgrana su amargura,
son los roles que adjetivos persuasivos
engalanan la vista del obtuso.
Sangriento rostro aterra ¡Ay, la bestia!
Honorable corona, atrevimiento
osando transferir cruel ornamento
al ofidio mandatario, marioneta,
de la PAZ la perdición.
Fluidos venenosos son tus yerros
y no se niegue el fundamento,
solo basta ver las osamentas
de nonatos por luces radioactivas.
Ya no hay sol en el útero, ni arriba.
Matilde Maisonnave
cuántos vidrios clavados en mandíbulas.
Es notorio al fin ser la medusa
que suave se desliza, blanca espuma
son perlas de la boca, ser premisa;
sin sapiencia de reales atavismos
mudos signos, caracola del oído
rompiéndose desgrana su amargura,
son los roles que adjetivos persuasivos
engalanan la vista del obtuso.
Sangriento rostro aterra ¡Ay, la bestia!
Honorable corona, atrevimiento
osando transferir cruel ornamento
al ofidio mandatario, marioneta,
de la PAZ la perdición.
Fluidos venenosos son tus yerros
y no se niegue el fundamento,
solo basta ver las osamentas
de nonatos por luces radioactivas.
Ya no hay sol en el útero, ni arriba.
Matilde Maisonnave