Estoy sintiendo que,
Que la vida me gusta cada vez menos,
Siento que todo me está pesando, que todo me agobia,
me pesa ponerme los zapatos, me pesa mirarme al espejo, dar un largo suspiro y tomar fuerzas para el nuevo día; la verdad es que,
Me estoy cansando de todo
Estoy cansando de levantarme,
De salir de mi cuarto, de mi casa,
Estoy cansado de decir buenos días, y de mi hipócrita sonrisa
Estoy cansado de ver a los niños en el pasto y verlos ser felices, cansado de la dulce brisa del otoño; de ser hijo y ser hermano; estoy cansado de amar y de ser libre; cansado de ir a los funerales y de ver a un muerto con envidia
Estoy cansado de ver a las aves en el cielo, de ver las praderas, de oír las olas, de oler las flores; cansado de montar en bicicleta o de viajar a las montañas; del horizonte, del cielo, de las estrellas, de la luna
Cansado de este hueco en mi pecho que me asfixia cuando respiro, hablo, grito; cuando miro mi reloj y me doy cuenta que ha pasado un segundo; cansado de preguntarme después de este segundo por qué diablos no me he muerto ya, o por qué diablos no muero en este segundo que está pasando
Estoy cansado de la gente, de los pasos apurados, de las bocinas en las calles; de la primavera y el sonido a golondrinas; de sentirme cansado y decirme que sólo de bo esperar, que sólo es cuestión de tiempo ¡otra vez el maldito tiempo!
Estoy cansado de arrojar mis cosas y romper mis ventanas, estoy cansado de acostarme y resignarme a haber vivido otro días más, cansado del sol por las mañanas y mis bellas margaritas
Estoy cansado de la vida, ¡estoy cansado de vivir!
Que la vida me gusta cada vez menos,
Siento que todo me está pesando, que todo me agobia,
me pesa ponerme los zapatos, me pesa mirarme al espejo, dar un largo suspiro y tomar fuerzas para el nuevo día; la verdad es que,
Me estoy cansando de todo
Estoy cansando de levantarme,
De salir de mi cuarto, de mi casa,
Estoy cansado de decir buenos días, y de mi hipócrita sonrisa
Estoy cansado de ver a los niños en el pasto y verlos ser felices, cansado de la dulce brisa del otoño; de ser hijo y ser hermano; estoy cansado de amar y de ser libre; cansado de ir a los funerales y de ver a un muerto con envidia
Estoy cansado de ver a las aves en el cielo, de ver las praderas, de oír las olas, de oler las flores; cansado de montar en bicicleta o de viajar a las montañas; del horizonte, del cielo, de las estrellas, de la luna
Cansado de este hueco en mi pecho que me asfixia cuando respiro, hablo, grito; cuando miro mi reloj y me doy cuenta que ha pasado un segundo; cansado de preguntarme después de este segundo por qué diablos no me he muerto ya, o por qué diablos no muero en este segundo que está pasando
Estoy cansado de la gente, de los pasos apurados, de las bocinas en las calles; de la primavera y el sonido a golondrinas; de sentirme cansado y decirme que sólo de bo esperar, que sólo es cuestión de tiempo ¡otra vez el maldito tiempo!
Estoy cansado de arrojar mis cosas y romper mis ventanas, estoy cansado de acostarme y resignarme a haber vivido otro días más, cansado del sol por las mañanas y mis bellas margaritas
Estoy cansado de la vida, ¡estoy cansado de vivir!