Syd Carlyle
Poeta recién llegado
Yo, que siempre estoy triste,
que escribo siempre apenado,
no es porque odie a la vida,
es porque la quiero demasiado.
Yo estoy triste de tanto amor.
Amo tanto que muere mi voz,
temblándome el alma en las manos,
y siento las voces de miles de vidas
que con dolor se van marchitando.
¡Esos aullidos terribles!
¡Todos los lamentos mundanos!
¡Las madres que gimen,
las putas con las rodillas en el asfalto!
¡Las rabiosas cóleras y los enfermos llantos!
¡Todos esos secretos horribles!
Los puedo oír oscuramente palpitando...
Me miró de cerca la mala anciana del dolor,
y mis ojos se quedaron temblando.
que escribo siempre apenado,
no es porque odie a la vida,
es porque la quiero demasiado.
Yo estoy triste de tanto amor.
Amo tanto que muere mi voz,
temblándome el alma en las manos,
y siento las voces de miles de vidas
que con dolor se van marchitando.
¡Esos aullidos terribles!
¡Todos los lamentos mundanos!
¡Las madres que gimen,
las putas con las rodillas en el asfalto!
¡Las rabiosas cóleras y los enfermos llantos!
¡Todos esos secretos horribles!
Los puedo oír oscuramente palpitando...
Me miró de cerca la mala anciana del dolor,
y mis ojos se quedaron temblando.
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