Escribo sobre los negros crespones de la noche
aquellos versos que otro poeta quiso tristes.
Mis ojos poco aptos para distinguir las lejanías
buscan en la serena presencia de tu cuerpo
aquellos latidos que son pulso y querencia.
No son versos de amor, son simples estrellas fugaces
que dejan una estela de amargura al rasgar
la solemnidad del nocturno acontecer.
Son las estrellas fugaces que en tus ojos definieron el instante
de esta eternidad que nos habita y nos conforma
tú, yo, la noche amplia y el mar oscuro.
Sé que hay otras islas habitadas tras el negro horizonte imaginado
Se que otros amores son posibles
como posibles son otros valses, otras músicas.
Pero eras tú el destino que creí marcado por los dioses
eras tú y tu aura de armonía fatal como un fanal inevitable
y tras de tí marcharon mis pasos, lejana estrella fugaz.
Sólo una vida te he dedicado, sangrante y equivocada
Una vida toda para tí, fugaz presencia
Yo me quedé mirando el negro cielo que habitas.
Dormido sobre mi sombra me encontró la noche eterna
Y un perro caritativo se acurrucó al lado mío
como yo pretendí hacerlo junto a tu cuerpo en las frías noches
que te quise mía.
Ilust.: Las dracónidas. Lluvia de estrellas. (Getty-La Vanguardia)
aquellos versos que otro poeta quiso tristes.
Mis ojos poco aptos para distinguir las lejanías
buscan en la serena presencia de tu cuerpo
aquellos latidos que son pulso y querencia.
No son versos de amor, son simples estrellas fugaces
que dejan una estela de amargura al rasgar
la solemnidad del nocturno acontecer.
Son las estrellas fugaces que en tus ojos definieron el instante
de esta eternidad que nos habita y nos conforma
tú, yo, la noche amplia y el mar oscuro.
Sé que hay otras islas habitadas tras el negro horizonte imaginado
Se que otros amores son posibles
como posibles son otros valses, otras músicas.
Pero eras tú el destino que creí marcado por los dioses
eras tú y tu aura de armonía fatal como un fanal inevitable
y tras de tí marcharon mis pasos, lejana estrella fugaz.
Sólo una vida te he dedicado, sangrante y equivocada
Una vida toda para tí, fugaz presencia
Yo me quedé mirando el negro cielo que habitas.
Dormido sobre mi sombra me encontró la noche eterna
Y un perro caritativo se acurrucó al lado mío
como yo pretendí hacerlo junto a tu cuerpo en las frías noches
que te quise mía.
Ilust.: Las dracónidas. Lluvia de estrellas. (Getty-La Vanguardia)