cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cual mariposa débil saliste del pimpollo
tierna, indefensa y ajena a la realidad;
rompiste los esquemas con la belleza
y fueron los colores que la vida te dio al disfrutar.
Te guarde en mi ánfora de cuidados tiernos
con las mejores palabras te enseñe a caminar
y en las paginas de un diario viejo,
cada capitulo lo grabe por recordar.
Rompiste los esquemas del firmamento
y entre odas y cantos te vi volar,
dejaste un corazón sediento
y entre lágrimas lo viste gozar.
Marcaste el destino con hechos y frases
que jamás podré olvidar;
y en hiriente carcajada, te fuiste
con quién menos te supo apreciar,
solo para ser libre, extender tus alas
y mirar con ferocidad.
Bañaste tu virginidad con vino
y a la decencia escupiste en acto mezquino
pues fue con quién no te quería
que segura y valiente, devoraste los consejos
y desafiaste el cortejo, retando a quién de ti se reía.
Dejaste vacío y herido, un hogar de antiguos amigos
dos hermanas que te amaban, las cambiaste por nada
y con altivez y frío, de tus padres reniegas
ahora ahora que puedes ya volar.
Que estupidez la tuya, creer que sabes todo
cuando en vuelo ya has sufrido, los vientos
malagradecidos, de una vida descontenta
y los pocos años que tienes al vivir.
A la sabiduría menosprecias y es con gestos
de grandeza quieres con piruetas confundir;
y siendo yo, el que un día te enseño,
miro con gran tristeza lo que te espera por vivir.
tierna, indefensa y ajena a la realidad;
rompiste los esquemas con la belleza
y fueron los colores que la vida te dio al disfrutar.
Te guarde en mi ánfora de cuidados tiernos
con las mejores palabras te enseñe a caminar
y en las paginas de un diario viejo,
cada capitulo lo grabe por recordar.
Rompiste los esquemas del firmamento
y entre odas y cantos te vi volar,
dejaste un corazón sediento
y entre lágrimas lo viste gozar.
Marcaste el destino con hechos y frases
que jamás podré olvidar;
y en hiriente carcajada, te fuiste
con quién menos te supo apreciar,
solo para ser libre, extender tus alas
y mirar con ferocidad.
Bañaste tu virginidad con vino
y a la decencia escupiste en acto mezquino
pues fue con quién no te quería
que segura y valiente, devoraste los consejos
y desafiaste el cortejo, retando a quién de ti se reía.
Dejaste vacío y herido, un hogar de antiguos amigos
dos hermanas que te amaban, las cambiaste por nada
y con altivez y frío, de tus padres reniegas
ahora ahora que puedes ya volar.
Que estupidez la tuya, creer que sabes todo
cuando en vuelo ya has sufrido, los vientos
malagradecidos, de una vida descontenta
y los pocos años que tienes al vivir.
A la sabiduría menosprecias y es con gestos
de grandeza quieres con piruetas confundir;
y siendo yo, el que un día te enseño,
miro con gran tristeza lo que te espera por vivir.