Euforia y lucidez.

Aguila Albina.

Poeta recién llegado
No me atormentes, tu, mi mente
tu lógica banal no aclara,
y tus razones confunden,
nublas, briosamente, el sentimiento
y los pensamientos como gotas caen:
Maculas de tinta oscura
en el manantial, de mis venas raudas.
No me traicionéis más, palabras,
oíd humilde ruego,
ni me subyugues más, pérfida cultura,
pues las tuyas son falsas certezas
y propios te son los acertijos
con que juzgas y tropiezas.
Callad, oh elocuencia,
que hablas al sordo atento,
pues tu discurso,
carente de sustento,
es añublo de mentira
y germen del desconsuelo.
Callaos todos,
no ahoguéis a los deseos
con vuestras ruidosas voces,
susurrad con el silencio
y desconfiad de la palabra:
Para escuchar sin poseer orejas
y entender la ausencia de mensajes.
¡Siente!
¡Siente!
Confía en tu pecho
que experimenta la emoción,
clara e inteligible
como la luz de madrugada,
que atraviesa las neblinas
y corona las montañas.
Pues para escribir esto
no hay lengua
ni divina, ni profana,
que se exprese
como cantan sus ojos
y arrullan sus pestañas;
ni hay versos más caóticos
para la lucidez del sentimiento
siempre veraz, siempre honesto,
que ordeno en mi pecho
y desordeno en pensamiento.
Hablad suave, vuestro concepto en detrimento
pues ve más el ojo ciego
y el alma conmovida
por el afecto y el apego
que trasciende el raciocinio
y quebranta los reflejos,
De lo real y no supuesto
por amarla en otras vidas
y aun sentir sus ecos.
 
No me atormentes, tu, mi mente
tu lógica banal no aclara,
y tus razones confunden,
nublas, briosamente, el sentimiento
y los pensamientos como gotas caen:
Maculas de tinta oscura
en el manantial, de mis venas raudas.
No me traicionéis más, palabras,
oíd humilde ruego,
ni me subyugues más, pérfida cultura,
pues las tuyas son falsas certezas
y propios te son los acertijos
con que juzgas y tropiezas.
Callad, oh elocuencia,
que hablas al sordo atento,
pues tu discurso,
carente de sustento,
es añublo de mentira
y germen del desconsuelo.
Callaos todos,
no ahoguéis a los deseos
con vuestras ruidosas voces,
susurrad con el silencio
y desconfiad de la palabra:
Para escuchar sin poseer orejas
y entender la ausencia de mensajes.
¡Siente!
¡Siente!
Confía en tu pecho
que experimenta la emoción,
clara e inteligible
como la luz de madrugada,
que atraviesa las neblinas
y corona las montañas.
Pues para escribir esto
no hay lengua
ni divina, ni profana,
que se exprese
como cantan sus ojos
y arrullan sus pestañas;
ni hay versos más caóticos
para la lucidez del sentimiento
siempre veraz, siempre honesto,
que ordeno en mi pecho
y desordeno en pensamiento.
Hablad suave, vuestro concepto en detrimento
pues ve más el ojo ciego
y el alma conmovida
por el afecto y el apego
que trasciende el raciocinio
y quebranta los reflejos,
De lo real y no supuesto
por amarla en otras vidas
y aun sentir sus ecos.
Bello y profundo poema que busca la esencia de lo palpable. Me ha gustado amigo Aguila. Un abrazo. Paco.
 

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