José Cornejo Valadez
Poeta recién llegado
Todos los hombres eran felices,
pensaba el alma, de cicatrices
llena, el destino les señaló
caminos verdes, grandes amores,
siempre victorias de sus colores;
todos los hombres... Excepto yo.
Todos los hombres tenían su amada
fiel, amorosa, dulce; que a cada
uno el destino les designó.
Nunca lloraban pues se sabían
también amados, siempre reían;
todos los hombres... Excepto yo.
Todos los hombres con esa estrella:
la amante esposa, la novia bella,
que su destino les asignó
cual justo premio de sus proezas
o para aliento de sus flaquezas;
todos los hombres... Excepto yo.
Fue mi destino en la carne abierta,
látigo rudo por mano experta
manipulado, sólo me dio
noches de insomnio, largos días grises.
Todos los hombres eran felices,
maldita suerte... Excepto yo...
pensaba el alma, de cicatrices
llena, el destino les señaló
caminos verdes, grandes amores,
siempre victorias de sus colores;
todos los hombres... Excepto yo.
Todos los hombres tenían su amada
fiel, amorosa, dulce; que a cada
uno el destino les designó.
Nunca lloraban pues se sabían
también amados, siempre reían;
todos los hombres... Excepto yo.
Todos los hombres con esa estrella:
la amante esposa, la novia bella,
que su destino les asignó
cual justo premio de sus proezas
o para aliento de sus flaquezas;
todos los hombres... Excepto yo.
Fue mi destino en la carne abierta,
látigo rudo por mano experta
manipulado, sólo me dio
noches de insomnio, largos días grises.
Todos los hombres eran felices,
maldita suerte... Excepto yo...