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Excoriaciones del Embajador o el cordón cercenado.

Solsticio de primavera

Poeta fiel al portal
Excoriaciones del Embajador o el cordón cercenado.


…y ahora celebremos esta boda.
¡dilo, oh pulsátila de sangre!
Dilo, Embajador de Zaprah,
bajo las escaleras
y en la tina helada te veo desde el reflejo de un orbe de plata.

ese reflejo es el que ahora me habla,
dócil como el algodón
de los templos
mi imagen invertida es la que me ama.

Te reconozco,
acérrimo como la sierpe de Vigny…
¡oh, ya dilo urticante cicerón!
Mi piel es tu dádiva,
mi mente, la reencarnación
y ya basta de tus trampas.

como el sol en los polos soy yo
el que me escondo,
una fuerza…una fuerza constituida de pan leudo
es la que me habla. y me ama. Y mientras más hablas…
¡oh, pulsátila de sangre!
Pese que las montañas son tan tan tantas y tan altas…
de vértigo y distracciones, de hados y contemplaciones;
no tienes el vigor de antes, Embajador, y basta.

un dibujo circular aglomera pulsátilas
de bastas,
bajo la superficie todo es sereno,
mhh, demasiado
para el verano
y en la tina de agua de verglas
las ondas chocan
contra el fondo combado
y vuelven
ondulando al contenido de la tina.

Aquí estoy, vengan y párense frente al abismo.
no tengo miedos en la tumba de nácar
y todo corre
en dirección y el espejo congelado forma un corazón.

nadie conoce la tarde y las golondrinas
vespertinas
que se han aunado en torno a mi reencarnación.

recuerdo tu aroma roto
y globo azul
inmiscuirse entre los pastizales de mi juventud.
si te vieras ahora, Embajador,
de fantasma a bufón, gallofeando un poco de limosna
y dolor.

de polvo verde y árboles de jadeíta
contorsionados
tenuemente por la luz del sol, estos son los nuevos paisajes,
fructíferos,
en los cuales despliego las sábanas del amor.
¡Mira el velamen inflarse por los vientos, y el cierzo,
y la brisa,
y las risas!
no, no, no los confundas, no es un antiguo velamen
ni una barcaza,
sí, es mi nuevo corazón.

vístete si lo deseas con los sabores de todas las sedas, Embajador,
no tienes la oportunidad,
y la tijera
bajo las cavernas
y los álamos
recorre de saliva el cordón.
¿no sientes los dedos de Líquesis acaso, Embajador,
estirarte y tensarte como…
¡no llores, niñita, recuéstate y anhela,
no te resistas,
gira al derredor de la noria y lleva la gran roca
a la cima!

piensa… ya no te resistas, tus desiertos
sedentarios
nada saben de mis oasis trashumantes.
¡tus ojos!, el Tiempo,
ah.
Mira la estrella cartilaginosa girarte.

desempaca, no temas,
reconócete y abdica.

Haz.

¡Ah!

Bien…

recibe el beso golpeado y postrero
de los labios
sobre tu frente.
Yo me he levantado de la yacija, y me he postrado, y me he levantado nuevamente para verte sobre la misma yacija maniatado.






*Embajador de Zaprah: antiguo heterónimo.
 

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