Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
No te enojes tanto, mi alma.
Como ya es tan peligroso,
por estas cosas que pasan,
el regresar al oscuro;
por más segura y más clara
he tomado yo el recaudo
de retornar siempre al alba.
¿Camisa mal abrochada?
¿Con hálito de borracho?
¿De lápiz labial la marca?
¿Este moretón de beso?
¿De mujer varia fragancia?
¿Mi bragueta desprendida
y mis polainas cambiadas?
¡Ah! Sí, no lo niego, amada:
unas copas con amigos.
Pero ya volviendo a casa,
me tropecé en la vereda
y dos chicas muy urbanas
esforzadas por alzarme,
malograron me la estampa.
Amor, no fue para menos.
¡Qué peso una tonelada!
Como ya es tan peligroso,
por estas cosas que pasan,
el regresar al oscuro;
por más segura y más clara
he tomado yo el recaudo
de retornar siempre al alba.
¿Camisa mal abrochada?
¿Con hálito de borracho?
¿De lápiz labial la marca?
¿Este moretón de beso?
¿De mujer varia fragancia?
¿Mi bragueta desprendida
y mis polainas cambiadas?
¡Ah! Sí, no lo niego, amada:
unas copas con amigos.
Pero ya volviendo a casa,
me tropecé en la vereda
y dos chicas muy urbanas
esforzadas por alzarme,
malograron me la estampa.
Amor, no fue para menos.
¡Qué peso una tonelada!
Última edición: