Éxodo

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Estamos cautivos en esta pasión
con tantos cuentos que nos contaron,
esclavo se siente mi corazón
del dulce calor que habita en tus labios.

La gente que no nos conoce nos dice esclavos
pero entre los dos convivimos con la libertad,
azótame despacio que tienen mis manos
una gran ansia de empezarte a rozar.

Abrimos las puertas de esta ciudad de amores
para sentirnos libres en medio de la arena clara,
atrás quedaron las plagas que como sabores
aparecieron cuando no creíamos en nada.

Caminamos de la mano por el desierto
con tanta sed que desconectamos de la realidad,
cuando fuimos esclavos nos cubrimos de besos
y en este momento vuelve a pasar.

Y nos persiguen los recuerdos
que no nos quieren mirar escapar
de viejos sitios donde nos tuvieron los sueños
construyendo palacios que no quisimos habitar.

Se abren los mares y cruzamos a pie sin nadar,
bolas de fuego acompañan los pasos,
parece que tenemos deseos de llegar
al mismo sitio donde nos deseamos.

El maná del cielo se parece a tu ropa,
manda a que obedezca la ley que me quieras dar,
en vez de un becerro de oro, prefiero tu boca
que es la tierra prometida a donde quiero llegar.
 

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