Eloa
Poeta recién llegado
Extraña necedad
de decir lo primero que asoma en mi mente.
¿cómo combatir esta condena a la que me somete ésta,
mi propia boca?
Boca que sabe besar tan bien,
pero que inesperadamente se transforma
en una navaja filosa.
Si supieras cuánto lamento los sonidos discordes,
disonantes, vibrantes de escalofríos paralizantes en tu espalda
de cristales que se rompen en mis ojos
seguidos de un vacío de hielo.
No me miras
¡qué martirio!
es el sin sentido, cansancio de esta delatora
descontrolada y ruidosa.
El instante en que no soy yo,
pero es parte de mi,
la inteligente domadora de hombres
que sucumbe fuera del Mercado
y se transforma en el látigo que hiere.
Sin discernimiento, nublando la razón.
de decir lo primero que asoma en mi mente.
¿cómo combatir esta condena a la que me somete ésta,
mi propia boca?
Boca que sabe besar tan bien,
pero que inesperadamente se transforma
en una navaja filosa.
Si supieras cuánto lamento los sonidos discordes,
disonantes, vibrantes de escalofríos paralizantes en tu espalda
de cristales que se rompen en mis ojos
seguidos de un vacío de hielo.
No me miras
¡qué martirio!
es el sin sentido, cansancio de esta delatora
descontrolada y ruidosa.
El instante en que no soy yo,
pero es parte de mi,
la inteligente domadora de hombres
que sucumbe fuera del Mercado
y se transforma en el látigo que hiere.
Sin discernimiento, nublando la razón.