Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
¿La noche va despierta, o acaso duerme?
¿Es el día que se va a descansar,
tras el silencio de la ciudad?.
Sucede que a veces
no reparo en eso
ni intento comprender la razón.
Sólo llevo encendido el faro
en las costas de mi mirada,
de tu inquieto mar
que besa mis playas.
Me acompañas con tus ágiles pasos
compás de sueños que se columpian,
en los bosques y en los prados
lo mismo que en los puertos,
de los sembríos de esperanza
en toda esa vida esperando germinar,
tras la ilusión que se viste de surco,
y los llantos del cielo y del alma
que delatan los sentimientos,
riegan la pradera
para volverla florida,
perfumada primavera.
La vida que se refugia en las noches
se descubre en los días,
mis pasos siguen tu aroma
y aun no saben para cuando suceda
nuestro encuentro, ni en que momento.
Sólo mi corazón se une
a mis palmas en la oración
para pedir que en cuanto suceda,
por fin el cielo pueda esperar
con su abierto azul, en un día iluminado;
si es con su manto negro,
que sea estrellado.
¿Es el día que se va a descansar,
tras el silencio de la ciudad?.
Sucede que a veces
no reparo en eso
ni intento comprender la razón.
Sólo llevo encendido el faro
en las costas de mi mirada,
de tu inquieto mar
que besa mis playas.
Me acompañas con tus ágiles pasos
compás de sueños que se columpian,
en los bosques y en los prados
lo mismo que en los puertos,
de los sembríos de esperanza
en toda esa vida esperando germinar,
tras la ilusión que se viste de surco,
y los llantos del cielo y del alma
que delatan los sentimientos,
riegan la pradera
para volverla florida,
perfumada primavera.
La vida que se refugia en las noches
se descubre en los días,
mis pasos siguen tu aroma
y aun no saben para cuando suceda
nuestro encuentro, ni en que momento.
Sólo mi corazón se une
a mis palmas en la oración
para pedir que en cuanto suceda,
por fin el cielo pueda esperar
con su abierto azul, en un día iluminado;
si es con su manto negro,
que sea estrellado.