Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te apareces en la bruma de mis noches,
como un eco que no se apaga,
invisible en la penumbra de mis sábanas,
caminas, descalza, por los sueños que guardo.
Eres un susurro de viento en mi cuello,
un roce apenas, que eriza la piel.
Te escondes en las sombras de mi deseo,
y te busco, siempre, en cada rincón de mi ser.
Tu aliento es un secreto que no alcanzo,
pero lo siento, cálido, cerca de mi boca,
y en ese silencio cargado de promesas,
se desatan los nudos de mi alma.
Tu cuerpo, un espejismo que arde sin tocar,
me arrastra al abismo dulce de tus ojos,
y aunque no te vea, siempre estás aquí,
bailando entre la niebla, desnuda, etérea.
Fantasma de piel suave y manos invisibles,
en cada madrugada te vuelves mía,
pero al despertar, solo queda el aroma
del amor que me diste… y te llevaste.
como un eco que no se apaga,
invisible en la penumbra de mis sábanas,
caminas, descalza, por los sueños que guardo.
Eres un susurro de viento en mi cuello,
un roce apenas, que eriza la piel.
Te escondes en las sombras de mi deseo,
y te busco, siempre, en cada rincón de mi ser.
Tu aliento es un secreto que no alcanzo,
pero lo siento, cálido, cerca de mi boca,
y en ese silencio cargado de promesas,
se desatan los nudos de mi alma.
Tu cuerpo, un espejismo que arde sin tocar,
me arrastra al abismo dulce de tus ojos,
y aunque no te vea, siempre estás aquí,
bailando entre la niebla, desnuda, etérea.
Fantasma de piel suave y manos invisibles,
en cada madrugada te vuelves mía,
pero al despertar, solo queda el aroma
del amor que me diste… y te llevaste.