Sira
Poeta fiel al portal
Felonía
El cáliz de los celos:
el enardecimiento de la venganza,
de las pasiones y sus malandanzas.
¿No es acaso cierto que,
en un dado momento,
todos de él bebemos?
El apego mal comprendido
y el cariño no correspondido.
La reiterativa historia de
víctimas y culpables
perpetuándose tras incontables
generaciones de homéricas
narraciones; grandes amores
inextricablemente unidos de
la mano de sus grandes traiciones.
Oprobio para los irredentos pecadores
que la fruta prohibida cataran
y loas a la confianza y dignidad
heridas del malaventurado miserable
que, algún infausto día, por compañero
o compañera amada al verdugo
de su corazón tomara.
Es el eterno drama humano
de los sentimientos dispares,
de las irreconciliables discrepancias
así como del afán tan curioso y veleidoso
-tan propio de la mujer como del hombre-
de intentar poseer, inútilmente, a sus semejantes.
La esperanza vana de hallar,
en este mundo acerbo y viejo,
la ilusión recién nacida de un
anhelo diferente y nuevo.
El cáliz de los celos:
el enardecimiento de la venganza,
de las pasiones y sus malandanzas.
¿No es acaso cierto que,
en un dado momento,
todos de él bebemos?
El apego mal comprendido
y el cariño no correspondido.
La reiterativa historia de
víctimas y culpables
perpetuándose tras incontables
generaciones de homéricas
narraciones; grandes amores
inextricablemente unidos de
la mano de sus grandes traiciones.
Oprobio para los irredentos pecadores
que la fruta prohibida cataran
y loas a la confianza y dignidad
heridas del malaventurado miserable
que, algún infausto día, por compañero
o compañera amada al verdugo
de su corazón tomara.
Es el eterno drama humano
de los sentimientos dispares,
de las irreconciliables discrepancias
así como del afán tan curioso y veleidoso
-tan propio de la mujer como del hombre-
de intentar poseer, inútilmente, a sus semejantes.
La esperanza vana de hallar,
en este mundo acerbo y viejo,
la ilusión recién nacida de un
anhelo diferente y nuevo.
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